Argumentos hay… ¿o no? Al margen de los adjetivos, lo que nos dice el buen “Aldito” es acertado.
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Lima - La cada vez más marginal importancia internacional de Bolivia -si alguna vez importó algo- se vio claramente con la indolente reacción española a la más reciente estupidez de Evo Morales de estatizar la compañía hispana Red Eléctrica. Con una economía muy pequeña y un impresentable (qué depresión y vergüenza me daría que un tipo tan elemental, necio y demagogo como Evo fuera mi presidente. Y hay que ver los ministros y parlamentarios que lo acompañan... Ese canciller Choquehuanca... La verdad es que dice muy poco de los bolivianos que hayan elegido dos veces a este señor, aunque aquí posiblemente arrasaría en partes del sur un personaje similar) como gobernante, Bolivia es un "blip" casi imperceptible en pantalla de la escena mundial. Evo ya ha hecho antes varias expropiaciones y también en esas ocasiones los inversionistas y gobiernos agraviados le han prestado muy poca atención. Y cometió el error de no explotar en su momento sus inmensas reservas de gas, que ahora valen mucho menos por la revolución tecnológica del "fracking", que permite extraer el gas esquisto ("shale gas". Aquí con las justas desarrollamos a tiempo Camisea. Nos cogía ese cambio y el proyecto no salía adelante). Es que Bolivia ha logrado generar la peor y la más duradera de las impresiones: la de ser un país sin remedio y al que no hay que tomar muy en serio (una pena cómo echaron por la borda todo lo ganado tras la gigantesca corrección económica hecha por Paz Estenssoro en los 80). Bolivia ya es como el fumón pobre de PBC del barrio, al que solo se le tiene lástima y se ignora. Hazte fama y échate a la cama... Nosotros estuvimos muy cerca de graduarnos con ese estigma de fumones -gracias a los militares velasquistas, Belaunde y Alan-, pero afortunadamente las cosas se enmendaron en los 90 y se han mantenido en la misma ruta cuerda, a pesar de los sustos que nos suele pegar el "electarado" y las estupideces de los rojos, que arguyen una supuesta "reprimarización" de la economía. Argentina sigue también tercamente por esa senda coquera, pero es un país tan rico y tan atractivo que cada cierto tiempo los inversionistas arriesgan a quemarse los dedos. Pero apesta a decadencia apolillada, geopolíticamente es cada vez más irrelevante (Brasil y México le han sacado demasiada ventaja) y ya no sé por cuánto tiempo más podrá seguir haciendo estas tonterías peronistas. Más que el fumón pobre de PBC del barrio, Argentina es el cocainómano aristócrata blancón venido a menos, que aún mantiene algo de la herencia y educación familiar de sus primos europeos, pero no puede abandonar su antigua adicción a aspirar, a "jalar" líneas interminables de ese clorhidrato de cocaína que es el peronismo. A diferencia de Bolivia, este adicto viste elegante, palabrea bien, habla idiomas, tiene "charm" y mundo, pero cada día se queda más pobre y aleja aún más al resto con sus recaídas en la droga. Con Menem pareció que iba a dejar la cocaína y a comportarse racionalmente, pero la corrupción de este y la absurda necedad de no dolarizar (es que muchos se hicieron ricos con la "pesificación") para evitar la catástrofe monetaria, hicieron que se recaiga en lo peor del vicio con los Kirchner, una variedad aún más potente de clorhidrato de cocaína peronista, casi "crack". Incluso ahora quien gobierna en verdad es Máximo, el hijo de los Kirchner (de aspecto teratológico por lo feo. Teratología: Dícese de la ciencia que estudia a los monstruos), un loquito rojito que se llama Axel Kiciloff (que hasta susurran que tiene su "cherry" con Cristina) y un grupo de medio lunáticos chiquillos peronistas de izquierda que se hacen llamar "La Cámpora" y que recuerdan a la confusa ideología de los "Montoneros" de los 70 (como que aquí en el Perú mandasen rojitos infantiles tipo Marisa Glave o la Fepuc). Bolivia y Argentina, dos víctimas de la cocaína ideológica (Chávez y Correa, en cambio, están enganchados a la anfetamina ideológica). Fuente: Correo |


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