Que en Ecuador los ambateños son más felices por su situación económica es cierto. Pero su éxito se forjó con fuerza de voluntad y emprendimiento.
Este mes, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) presentó un informe que determina que, en la escala del uno al 10, los habitantes de Ambato registran 6,58 puntos de satisfacción por sus ingresos económicos.
En los últimos 60 años, tras el terremoto de 1949, Ambato y, en general la provincia de Tungurahua, ha experimentado un crecimiento poblacional del 135%: de 187 942 habitantes a mediados del siglo pasado a 441 032 en el 2001, según el INEC.
Es que Ambato resulta atractiva para residir y emprender negocios. En la actualidad 184 000 habitantes se dedican al comercio, industria, transporte, confección, turismo, construcción, bienes y servicios.
Rómulo Quiroz, por ejemplo, es dueño de Plasticentro Ambato. Sobre vitrinas de madera y cristal oferta platos, tasas, baldes, juguetes y recuerdos de plástico y cerámica.
“Los ambateños somos comerciantes por naturaleza. Empezamos con poco, pero luego a fuerza de préstamos y ahorros crecemos y nos gusta dar empleo”, señala este empresario de 65 años.
La mayoría de las 90 industrias y empresas del cuero y calzado, carrocerías, avícolas, agrícolas y financieras que se encuentran en Ambato son las principales generadoras de empleo. Toda la región se beneficia.
El dinero circulante se redistribuye a través de 80 cooperativas de ahorro y crédito, 20 bancos, tres financieras. En el último lustro, las cooperativas indígenas se disputan la preferencia de la población económicamente activa y un sitio bien ubicado en el centro urbano.
La Cámara de la Pequeña Industria de Tungurahua registra 165 empresas que generan 5 000 puestos de empleo directos y 4 500 indirectos.
Ambato y sus parroquias se extienden sobre 8 500 ha. La presión social por una vivienda propia o alquilada impulsa las construcciones, al norte, en las parroquias Izamba, Martínez, Atahualpa, Constantino Fernández, Unamuncho y Cunchibamaba. Al sur, en Picaihua, Totoras y Huachi Grande.
Esto ha elevado el costo de los arriendos. En Miraflores, Ficoa, la Av. Cevallos el alquiler de departamentos, casas y locales comerciales para oficinas o negocios varían entre USD 250, 800 y 1 200. En esos sitios, el m2 de terreno puede costar hasta USD 1 200, según Gonzalo Armas, presidente de la Asociación de Bienes Raíces.
“Comprar un departamento o casa en los lugares mencionados bordea los USD 300 000. En Izamba, Huachi, Martínez, la ciudadela España, el m2 varía entre USD 60 y 120, mientras que las viviendas cuestan entre USD 40 000 y 80 000”, dice Armas.
Los lunes, Ambato se convierte en un gigantesco centro comercial. Los mercados Modelo, Central, Ferroviario, Mayorista, Primero de Mayo, Urbina y las calles cercanas se abarrotan con más de 30 000 comerciantes y sus variopintas mercancías: zapatos, prendas de vestir, jeans, telas, bisutería, maquinaria…
Para el historiador local, Pedro Reino, en esta ciudad palpita el ansia de grandeza. “Ni guerras, ni revoluciones, ni pequeños ni grandes sismos, ni las erupciones de sus volcanes han podido impedir su progreso”.
A lo largo de 15 cuadras de las calles Cevallos, Bolívar, Sucre, Juan Benigno Vela, 12 de Noviembre se abren cientos de negocios: panaderías, ferreterías, farmacias y sus cadenas, locales de telefonía, ropa y una docena de pasajes comerciales.
Las cadenas nacionales de ropa también tienen sus negocios bien situados en edificios, mall de Los Andes y otros lugares.
Cada avenida se diferencia de otra por el negocio predominante. La 12 de Noviembre por los asaderos de pollos, restaurantes y negocios de agroquímicos y de la construcción. La del Rey por los repuestos de carros y llantas. La Indoamérica y Atahualpa por las 15 concesionarias de vehículos y venta de carros usados.
Un quehacer puede estar frente a otro. No importa la competencia directa: hay clientes para todos.
Azucena Hidalgo, dueña de la libería Cultura, considera que los ambateños no temen arriesgarse. “Antes atendía este negocio. Luego hice un préstamo y lo compré. Me ha ido bien. Lo bueno de Ambato es que llegan visitantes de todo el Ecuador y del mundo”.
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