El escenario principal para tal concentración de rarezas, del que muy poca gente ha oído hablar fuera de las fronteras de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.R.S.) la modesta aldea de Molebka, de unos escasos 465 habitantes, que se asienta en un extenso y paradigmático paraje natural enclavado en los Urales, a unos mil kilómetros al este de Moscú en la frontera con Asia. Aunque de una larga tradición llena de enigmas y antiquísimos rituales mágicos, no fue hasta el año 1984 cuando Molebka comenzó a interesar verdaderamente a los buscadores de anomalías.
Emil Bachurin, fue el primer investigador que se acerco a sus montes y bosques tras la huella del misterio, cuando tuvo noticias de un inexplicable incidente acaecido el 29 de octubre de 1984, cuando se descubrió en la nieve un enorme circulo, de 60 metros de diámetro, que, se dijo, fue provocado por un artefacto que aterrizo en el lugar.
A lo largo de las últimas décadas del Siglo XX, se ha podido documentar una amplia gama de fenómenos sobrenaturales en la inhóspita región, que los investigadores han pretendido clasificar y examinar. Principalmente se ha descrito que en determinadas áreas de la región se percibe la presencia de lo desconocido, raras sensaciones, impresión de ser observado, campana de silencio, etc... de hecho, los animales son los primeros en mostrar inusitados comportamientos en determinados parajes. Los lugareños temen a la noche y son pocos los valientes que se atreven a deambular por los bosques mas apartados a la caída del sol.
Los estudiosos han comprobado que existen importantes anomalías electromagnéticas e inexplicables detecciones de radiactividad sobre el terreno, que podrían tener relación con alguno de los fenómenos que se producen en el Triangulo de Molebka.
OVNIS EN LOS URALES
Sin embargo uno de los fenómenos mas asombrosos y que con mayor frecuencia se producen en la árida región tienen que ver con los, no menos, misteriosos objetos voladores no identificados (OVNIs). Son múltiples los relatos que hablan de unas esferas luminosas de color naranja, de solo varios metros de diámetro, a veces incluso del tamaño de una pelota de tenis, que merodean por las copas de los arboles y se dedican a sobrevolar las extensas dimensiones de Molebka. Aún mas inverosímiles, son los testimonios que aseguran haber visto figuras geométricas luminosas que evolucionan en el interior de la espesura de los bosques, sin que, hasta el momento, se haya conseguido encontrar una explicación lógica para estas manifestaciones luminosas.
Varios jóvenes que se retrataron junto a un río, en el año 1991, recogieron, sin pretenderlo, una prueba palpable de éstas energías intangibles que actúan en Molebka, pues junto a ellos, quedó inmortalizada, por dos ocasiones, una "fantasmal" esfera luminosa. Junto a este tipo de registros, no hay que olvidar, que los investigadores han acopiado una gran cantidad de fotografías OVNIs tomadas en las solitarias y gélidas noches del territorio ruso.
En el año 1989 hubo una frenética oleada de este tipo de fenómenos luminosos sobre la región de los Urales que culminaron con el caso ocurrido en Voronethz de amplia repercusión mundial. Precisamente, a partir de ese año, fueron constantes los avistamientos de OVNIs la Zona-M. Existen rumores, nunca confirmados, ni documentados, de encuentros cercanos entre los tripulantes de los OVNIs y algunos testigos, así como historias, que circulan por las aldeas cercanas, de extrañas enfermedades contagiadas por los extraterrestres.
Uno de los primeros incidentes de este tipo sucedió el 18 de octubre de 1987, los integrantes del RUFORS (Russian UFO Research Satation), recogieron el testimonio de un vecino del pueblo, que mientras recogía leña en el interior de un frondoso bosque, observó a unos 120 metros de distancia una extraña silueta. Se trataba de un ser muy alto, vestido con unos pantalones de color verde intenso, y una chaqueta del mismo tono pero algo más brillante. El insólito gigante parecía llevar un frasco metálico en sus manos, y se percató de la presencia del testigo. Este le gritó, y el humanoide desapareció súbitamente de su vista, pese a no haber obstáculo natural alguno que impidiera su visión. En el lugar donde había estado la figura, el testigo encontró unas huellas de unos 42-43cms de tamaño. El investigador ruso Valery Yakimov, uno de los máximos conocedores de la zona, fue protagonista en el verano de 1996 de un terrorífico encuentro. "Era la tercera noche que pasábamos en la Zona-M -relató Yakimov posteriormente- e ibamos con varios turistas. Los llevé al punto donde es especialmente fuerte la sensación de la presencia del "mundo desconocido" (como denominan los expertos los lugares donde se producen el mayor número de fenómenos). Nos dividimos en dos grupos. Hacia una buena Luna y se veía perfectamente. Bajando un pequeño barranco vi algo que me hizo temblar. Tras avanzar un poco, lo vi perfectamente, se trataba de un "hombre" de unos tres metros de altura, todo de color negro. No puedo decir cuánto tiempo estuve paralizado del horror. Mi amigo, que me esperaba en el prado, se quedó asombrado por mi historia. No vio nada, al igual que la otra gente que vino más adelante".









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