Aprendi a bailar marinera limena de muy joven, viendo bailar a mi padre. Hacia pasos nunca antes vistos por mi, aunque de la marinera limena, yo no tenga un recuerdo de la primera vez que la escuche. El se deslizaba sobre el parquet como si le hubieran untado aceite al piso y daba de vez en cuando una especie de saltito, mas hecho con los hombros que con los pies. El panuelo lo movia como un capote de torero con elegancia en pleno desaire al toro, con una mezcla de salero andaluz. Cuando llegaba la resbalosa era practicamente el gallo que rascaba la tierra para tentar a la gallina a picar gusanitos o piedritas...se que la marinera es el cortejo del gallo a la gallina y mi padre era todo un gallo. No hubo nadie que bailara marinera como para que se entone con el, salvo mi abuela que cuando yo los vi bailar, ya era una anciana.
Esos recuerdos han quedado marcados en mi mente y puedo decir que ahora, cuando escucho y veo bailar una marinera limena, se me llena la vista de lagrimas de emocion, quizas no solo porque es un baile hermoso, si no por los recuerdos de mi ninez y la lejania en que me encuentro.






