El continente es una nueva frontera para todos los países emergentes, no sólo China. La razón radica principalmente en la mejora macroeconómica que se está produciendo de la mano del alza en los precios de las materias primas y sus exportaciones.
El 2008, según el African Economic Outlook (AEO), publicado conjuntamente en mayo por el Banco Africano de Desarrollo y el Centro de Desarrollo de la OCDE, el PIB de África crecerá un promedio de 5,9%, el quinto año consecutivo en que crece a esta velocidad. Y no se trata sólo de los países exportadores de materias primas: en 2007, de los 35 países analizados en el AEO, 30 crecieron a un ritmo superior al 5%. Todo ello ha despertado el apetito de los inversionistas privados en búsqueda de mayores rendimientos.
El interés de China por África ha estimulado también el apetito de otros inversionistas emergentes y ha reactivado el de los europeos y norteamericanos. Prueba de ello es el auge de las inversiones extranjeras directas. En 2005, éstas superaron los US$ 35.000 millones, más que el monto de ayuda oficial al continente proveniente de países de la OCDE. En 2006 esta situación se repitió, con inversiones de más de US$ 36.000 millones, y en 2007 se alcanzó un nuevo récord de US$ 53.000 millones.
China no es la única economía emergente que ha irrumpido en África. Prueba de ello es que en 2006, por primera vez, las fusiones y adquisiciones en el continente fueron lideradas no por las economías desarrolladas, sino por empresas de Asia y Medio Oriente: en total, las operaciones de estas últimas (casi US$ 9.000 millones en 2006) rebasaron las llevadas a cabo por las compañías occidentales (US$ 7.000 millones) en el continente. Esta historia se repitió en 2007, y, de tener éxito la oferta del grupo indio Reliance por la empresa de telecomunicaciones sudafricana MTN por cerca de US$ 20.000 millones, hay probabilidades de que esto sea así de nuevo en 2008.
Los grupos indios también mueven sus fichas en África. En 2007-2008, el comercio bilateral entre India y África superó los US$ 30.000 millones, cuando era apenas de US$ 1.000 millones en 1990-1991. Los gigantes Tata, Ranbaxy Laboratories o Kirloskar Brothers por ahora se han concentrado en Sudáfrica, Nigeria, Egipto y Kenia, pero comienzan a interesarse por otros mercados. Desde Rusia, el gigante Gazprom se está también asomando al continente, al igual que las empresas de construcción y energéticas del Medio Oriente. En el sector de las infraestructuras de puertos, Dubai Ports ya está arrebatando mercados a los conglomerados tradicionalmente asentados en el continente, como el grupo francés Bolloré, que perdió en 2007 la gestión del principal puerto de Senegal.
Desde América Latina, los grupos brasileños también han hecho inversiones importantes. El 2007, el grupo de construcción Odebrecht volcó US$ 200 millones en Angola, junto con operadores locales como Sonangol y Damer, para crear una nueva empresa de biocombustibles. También ha invertido en infraestructura en Etiopía, Libia y Liberia. Por su parte, el gigante minero Vale (ex CVRD) tiene planes importantes en Mozambique, otro país africano de habla portuguesa, además de Angola, Gabón, Sudáfrica y Guinea.
Por su parte, Petrobras ha entrado en Libia, Tanzania, São Tomé y Príncipe, Nigeria y Guinea Ecuatorial, aunque Angola es donde están sus principales apuestas, ya que sus operaciones en aquel país representan casi el 5% de su producción extranjera. Y el banco de desarrollo de Brasil, BNDES, aumentó en 2007 su línea de crédito para apoyar a empresas brasileñas que inviertan ahí a US$ 1.000 millones.
Lo que estamos viviendo es una redistribución masiva de las riquezas de las naciones del Norte hacia el Sur y entre países del Sur. Pero sobre todo lo que estamos presenciando es la descentralización del mundo, más allá de un supuesto desacoplamiento: la irrupción de nuevos inversionistas en un continente como África, patio trasero tradicional de europeos y estadounidenses, es una ilustración más de este enorme cambio tectónico.
* Economista jefe y director adjunto, centro de Desarrollo de la OCDE.
FUENTE: América Economía









No lo había considerado así. Pero en eso tienes razón: "si hay que sacrificar una considerable cantidad de dinero en una nueva inversión, pues que así sea ya que al final recuperaré mi dinero y además obtendré muchísimas más ganancias que satisfagan (por ahora) mi apetito de dinero y la necesidad de que mi empresa siga creciendo, sin límite alguno. Si me duermo y no invierto más mis competidores me dejarán atrás".