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Antiguo 02-jul-2008, 14:41   #1
eduardopo
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eduardopo está en el buen camino
Predeterminado C. Hildebrandt: Pobre Montesinos


"Hay gente imposibilitada para la catarsis, es decir la purificación. Montesinos pudo ser el héroe de una historia que comenzó mal y terminó peor. Pudo, por ejemplo, dejarnos estupefactos y callados diciendo alguna verdad. Pero no, ha preferido aburrirnos con el Montesinos predecible, el de siempre, el Montesinos que se arrastra ante sus superiores y que es soberbio y mandón delante de quienes cree inferiores de carácter y subordinados en asuntos de inteligencia.

Mejor dicho: nos ha vuelto a aburrir con ese Montesinos que sirve a un amo hasta la abyección y que se sirve de ese amo hasta la orgía en el SIN, el depa de Buenos Aires, los cinco “Rolex” con los que no pudo borrar las humillaciones de la infancia. El mismo de siempre. El valiente cuando era escoltado por cincuenta truhanes pagados por el Estado y la ardillita que hace de sus dientes castañuelas cuando de enfrentar a los deudos de La Cantuta se trata.

El pobre Montesinos se cree elegante pero su casa en Playa Arica, llena de estatuas romanas hechas en Balconcillo, describió su almita de dómine de provincia y huachafo sin cura posible.

El pobre Montesinos se cree culto (y lo es comparado con la familia Fujimori, la señora Luz Salgado, los generalitos de dos por medio y los almirantitos con patadecabra en la maletera) pero es capaz de decir, como lo hizo en su excitado monólogo de imitador de Mantilla, “onceava vez” en vez de undécima o decimoprimera.

Se imagina enciclopédico (y lo es ante Raffo o ante el fiscalito que ya tasó por la tele) pero cree firmemente que eso de “la sociedad civil” es un “invento caviar” que intenta separar a los milicos del paisanaje. Pobre diablo. Ignora que el concepto de sociedad civil, inherente a los marcos de lo público y lo privado, es tan viejo como Tocqueville, fue tocado por Marx en el libro “La ideología alemana” y resultó modernamente reformulado por Antonio Gramsci.

La sociedad civil es el espacio que, más allá del Estado, permite la relativa autonomía de todo aquello que no tiene que ver con la coerción. Es decir, es la cocina donde se hace el caldo de la libertad (y por eso es que, intuyéndolo vagamente, el fascismo ágrafo odia sus fueros y los confunde con la objeción de conciencia para no hacer la mili).

Pobre Montesinos. Habla de “lapsus lingüis” cuando debió de decir lapsus linguae y cuando él mismo estaba incurriendo en un solo interminable de lapsus memoriae. Y asusta a un magistradito con eso de “colombroño”, que es un término en desuso, una antigualla de esas que memorizan los ridiculones para impresionar a las tías que van a hacer su culturita a las charlas de Trapecio. Hace mil años que no se dice colombroño sino tocayo, que suena mejor y es menos retorcido.

Pobre Montesinos. Quiere ser culto y académico pero le sale el olor a pies del alférez trepador en el cuartel de La Joya. Dice “porque tengo una memoria mnemotécnica”, que es como decir “sangre roja” o “inescrupuloso ladrón”. Porque la mnemotecnia es precisamente el ejercicio de las asociaciones mentales que facilitan el recuerdo.

Pobre Montesinos. Quiso ser el salvador de quien podría salvarlo (en el incierto futuro) y lo hizo tan mal que hasta Nakazaki, acostumbrado a hacer clavados en los Everglades, tuvo que tomar distancia.

Montesinos se vistió de sí mismo para acudir a lo que creyó que iba a ser su segundo debut en sociedad. Retocado mil veces ante un espejo que le devolvía a un tipo gordo que no podía ser él –no, de ninguna manera– se presentó para la realización de una proeza imposible: limpiar con mugre, esclarecer con olvidos, exculpar desde la propia culpa negada, despachar costosas indulgencias en una oficina con sede en el infierno.

Lo que sí fue nuevo y perversón fue el asunto del amaneramiento achorado de Montesinos. Montesinos fue con voz de Maruja, ademanes de Lady Bardales defendiendo su presa y agudeza maligna de señora Thatcher mal traducida. La verdad es que pareció una dama muy agitada que volvía a ver a quien la había encumbrado y puesto casa propia y SIN en condominio.

Y sonrió tanto, guiñó tanto el ojito, fue tan categórico en sus desmanes y tan violento en la defensa de su hombre (estoy hablando en términos de Inteligencia, si me permiten sus señorías) que hizo recordar ese término infame que André Coyné ha resucitado para difamar a la suegra de Vallejo: “cocotte”. La “cocotte” era la mantenida. La fiel sin tener que serlo. La incondicional por conveniencia. La que debía de mentir con cada sístole.

El tiempo sirve a veces para que las esencias prevalezcan. Y lo que queda de Montesinos es un Esparza Zañartu más audaz. Vargas Llosa llamó Cayo ****** a Esparza en “Conversación en la catedral”. Aquí, para que los parecidos hagan click, lo que hace falta es que Fujimori se rompa la pierna en una fiesta de dudosa reputación.

Qué pena, Vladimiro. Te perdiste el jabón de la catarsis. Es mejor que tus colonias de Duty Free panameño."

C. Hildebrandt

Última edición por eduardopo; 02-jul-2008 a las 14:46 .
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Antiguo 02-jul-2008, 18:29   #2
brenda87
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brenda87 llegará a ser famoso muy prontobrenda87 llegará a ser famoso muy pronto
Me quedo con el sgte artículo sobre Montesinos y cómo conoció a Fujimori. Interesante artículo que contradice lo dicho x Montesinos y su "exitosa" carrera al servicio de la inteligencia.



Fujimori y Montesinos




Cita:

¿Cómo conoció Fujimori a Montesinos?

La anécdota la ha contado divertidamente el sociólogo Francisco Loayza, el hombre que los presentó.
Sucede que a Fujimori este columnista le había sacado a la luz una lista de 34 transacciones inmobiliarias en las que el candidato había incurrido en sendas subvaluaciones con el fin de no pagar los impuestos correspondientes.
El asunto había salido en el programa de televisión que por aquel entonces yo mantenía en Canal 4 y, por diversas fuentes, se sabía que había exasperado al hombre del lema “Honradez, tecnología y trabajo”.
-Esto hay que pararlo ahora mismo –le habían dicho sus consejeros.
Fujimori le preguntó al sociólogo Francisco Loayza, su principal asesor en aquel entonces, qué diablos podía hacer.
Loayza le preguntó si la información era cierta.
Fujimori, taimado desde que nació, le contestó que no podía recordar qué había pasado con esos papeles, que no había sido él sino un contador el que se había encargado de esas declaraciones tributarias y que podía jurar que nunca había tenido voluntad de eludir algún compromiso fiscal.

Loayza, que ya empezaba a conocerlo, le dijo que él vería el asunto de inmediato. Fue entonces que le pidió los papeles a la mujer de Fujimori, Susana Higuchi, socia de la pequeña empresa que construía casas y luego las vendía a precios “oficiales” muy por debajo de la realidad.
Cuando Loayza ojeó los primeros expedientes, se dio cuenta de que la subvaluación iba a ser evidente ante cualquier autoridad tributaria. Entonces pensó en su viejo amigo Vladimiro Montesinos, un abogado que había sido capitán del ejército y ayudante del general Edgardo Mercado Jarrín y que había sido expulsado sin honor de su institución por haberle entregado a la CIA secretos militares sobre la compra de armamento soviético en la época de Velasco Alvarado. Esta era la joyita que podía dar una mano decisiva.
-¿Quién es este tipo? ¿Es de confianza? –preguntó Fujimori.
Loayza le dijo que Montesinos no era un angelito pero que, dada la situación, no había tiempo para melindres. Añadió que Montesinos, que había sido capaz de traicionar a su socio de bufete y de robarle la oficina y la esposa, podía “entrar a matar” para dejar las cosas en claro.
Fujimori le dijo que lo que él necesitaba era alguien que demostrara el carácter calumnioso de la imputación periodística. Era un cambio de matiz que rectificaba sus dudas iniciales.
Loayza le siguió la corriente.
-De eso se trata -dijo Loayza-. Pero necesitamos a alguien avezado que pueda vencer la maquinaria de Vargas Llosa y sus socios.
Años después Loayza me diría que cuando le contó a Fujimori lo de Montesinos y el socio traicionado percibió en el candidato una mirada que no supo descifrar en ese momento.
-Parecía de asombro, pero ahora creo que fue una mirada de admiración –me dijo Loayza.
Y es que la historia de Montesinos y del socio era dantesca a su manera. Tras su expulsión del ejército, Montesinos había encontrado en este señor, que además era su primo hermano, ayuda financiera, refugio abogadil y casos para trabajar. Gracias a él es que había podido levantar cabeza otra vez.

Montesinos “pagó” esa generosidad con una viciosa triquiñuela que le permitió quedarse con el estudio que lo había acogido y convertido en socio. No contento con eso, sedujo con éxito a la pareja norteamericana del primo y le entabló a la cornuda víctima un juicio patrimonial tan enrevesadamente canalla que a punto estuvo de poner en la cárcel a quien le había tirado un salvavidas en la peor de las tormentas.
El hecho es que Loayza convenció a Fujimori de que Montesinos era el hombre que la circunstancia requería.
-En tres semanas limpió todo sin dejar huellas y sin cobrar ni un solo centavo –contaría Loayza.
De evasor de impuestos Fujimori pasó a ser contribuyente ejemplar. Claro que en ese lavado y planchado tributarios tuvo toda la ayuda del gobierno aprista, empeñado en contribuir con la causa de Fujimori con lo que estuviese a su alcance.
Fujimori quedó fascinado no sólo por la eficacia sino por la discreción y la gremial inteligencia de Montesinos.
-Cuando tuvo todo resuelto sólo dijo: “Todo está aclarado, ingeniero. El Fredemo va a tener que inventar otras cosas para pararlo” –contaría Loayza.
Y claro que Montesinos sabía que esas acusaciones habían sido veraces.
-Fue la primera cochinada que Montesinos le supo. Él construyó su poder sabiendo cochinadas de los demás y ocultando las propias –diría Loayza mucho tiempo después.
Cuando Loayza recordaba ese episodio ya hacía mucho tiempo que había sido expulsado del paraíso mafioso de Fujimori. Por supuesto que quien lo traicionó fue Montesinos.
-Se demoró ocho meses en crear tales intrigas en contra mía que Fujimori ya no me contestaba el teléfono –evocaría Loayza.

Fujimori ya estaba en la presidencia. Montesinos ya estaba montando la maquinaria siciliana que su Presidente exigía. Loayza era un escrúpulo menos, un testigo menos en la edificación de esa covacha de la que saldrían los Hermoza Ríos y los Martin Rivas, los ladrones uniformados y los asesinos de civil, la inmundicia más pundonorosa que haya visto la historia de la política peruana.
-¿Quién era, en realidad, Montesinos? –le pregunté alguna vez a Loayza, uno de cuyos libros prologué gustosamente.
-El mejor retrato de Vladimiro Montesinos es este: –me contestó-. Una vez, con algún trago demás en el buche, me habló de Arequipa, de las pellejerías de su familia, de su padre comunistón. Cuando llegó a este punto me habló de lo que todo el mundo sabía, por supuesto. Es decir, me habló del suicidio de su padre. Pero lo que me dejó sin habla fue que, al final del relato, Vladimiro exclamó: “¡Y encima de todo lo que estaba pasando, este hijo de **** termina suicidándose!”. Yo no podía creerlo.
-¿Llamó hijo de **** a su padre suicida? –pregunté desde mi propio asombro.
-Sí, imagínate qué tiene en el alma este hombre –reflexionó Loayza.



Hoy se verán las caras Montesinos y Fujimori. Lo más probable es que Montesinos no incrimine a Fujimori. Es entendible. Siguen siendo la misma sólida entidad, la misma moneda dando tumbos, el anverso y el reverso de la misma historia.
Traidor intrínseco, infame de profesión, Montesinos sólo reconoce a un superior. No frente sino junto a él estará esta mañana.
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Antiguo 02-jul-2008, 19:34   #3
Linuxis
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El Fujimontesinismo debe condenarse, pues acabo con la dignidad del Perú en la mas avergonzante historia de corrupcion y mafia en el Perú.
El genocidio provocado debe ser pagado no en vida, sino en sufrimiento, pues aún creo que la vida está primero ,pues si el Perú contara con la pena de muerte, estos caballeros y sus lacayos yá estarian hablando desde abajo, pero felizmente como el dicho dice: "yerba mala nunca muere" se lo concede vivir, pese a todas las muertes que produjeron.
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Antiguo 02-jul-2008, 20:08   #4
Athena
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Athena está en el buen camino
ahora se ve con màs claridad estos señores eran y seran uno sólo era obvio que el “doc” callarìa o defenderìa a Fujimori estos dos van a callarse, si uno recrimina o incrimina al otro se hunden los dos, ahora Vladimiro mostro al jápones como el gran salvador del Perú que era el mesias que feo como se salio con la suya, uso al tribunal más sintonizado para dar su discurso salvar a Fujimori y salvarse.
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