A principios del Siglo XIX, era evidente que del grandioso Imperio Habsburgo Hispano no quedaba sino su recuerdo. El advenimiento del Régimen Borbónico (iniciado a principios del Siglo XVIII), tan proclive al centralismo y al absolutismo francés, destruyó las bases de la Universalidad Imperial - Tradicional (con su divisa: “Unidad manteniendo la Diversidad”), que tanto costó consolidar al Régimen de Austria. Los Borbones dividieron el Imperio Sudamericano, llamado por los germano-austríacos “Virreynato del Perú”, en un sin fin de mini-virreynatos lo que favoreció aun mas al desmembramiento imperial. En suma, a principios del XIX, el Imperio estaba moribundo, y como siempre frente a los moribundos, empezaron a aparecer las aves de rapiña ...
Efectivamente, desde mucho tiempo atrás, los capitalistas y masones ingleses, habían puesto el ojo en estas hermosas tierras de Sudamérica, con sus innumerables posibilidades comerciales en materias primas y mercados para sus productos, por lo que comenzaron a infiltrar a sus agentes en el Imperio, con las órdenes de sembrar el caos y la revolución; la debilidad y el afrancesamiento Imperial los favorecían. Llegaron inclusive a constituir una Logia especialmente destinada a entrenar agentes para destruir el Imperio: la Logia “Gran Reunión Americana”, liderada por el Masón venezolano Francisco de Miranda. A través de ella, se infiltraron agentes proclamando la “democracia”, la “igualdad entre todos los hombres” y la tan trillada “libertad”.
Estos agentes comenzaron su macabra obra organizando conspiraciones, corrompiendo funcionarios, difundiendo su doctrina como un cáncer maligno que amenazaba toda Sudamérica. Sin embargo, el Perú, bajo el mando de Fernando de Abascal, pese a su debilidad pero conciente de su glorioso pasado y su responsabilidad histórica, enarbolando las banderas y las águilas imperiales, tuvo el honor de defender al Imperio, sin contar con refuerzos de España ni apoyo de los otros virreynatos “de bolsillo”: absolutamente SOLO. De 1804 a 1814, El Perú envió expediciones militares para combatir a la subversión, haciéndolo con gran éxito, al punto que los masones a sueldo de Inglaterra, tuvieron que refugiarse en los confines de Sudamérica: Venezuela y Argentina, teniendo que replantear su estrategia de conquista.
Los banqueros ingleses y sus agentes masónicos, (verdaderos precursores del Sionismo moderno), se convencieron que era necesario DESTRUIR al Perú puesto que acabando con él, se podrían consolidar tranquilamente los regímenes títeres que Inglaterra pensaba imponer en Sudamérica, con su lema de “dividir para reinar”. Fueron ganando terreno poco a poco a pesar a los heroicos esfuerzos Imperiales, hasta que, desde el sur primero y desde el norte después, llegaron las fuerzas de la subversión anarquista al corazón de la Patria Sudamericana. Pese a todo, la tenaz resistencia continuó hasta que finalmente, en Diciembre de 1824, fueron derrotadas formalmente las fuerzas imperiales en la Batalla de Ayacucho.
Los peruanos despistados que tanto conmemoran y celebran la “victoria” de Ayacucho, deben tener en cuenta el hecho HISTORICAMENTE PROBADO, que, durante dicha batalla, las fuerzas Imperiales, estaban conformadas por Oficiales blancos: Españoles y Peruanos; y tropa compuesta por mestizos y sobretodo, en una gran proporción, de indígenas peruanos del Alto y Bajo Perú (llamados ahora, Bolivia y Perú), que no querían ver desaparecer al Imperio. En cambio, las llamadas tropas “patriotas”, estaban formadas por una curiosa y variopinta mezcla de Venezolanos, Colombianos, Argentinos, Chilenos, Peruanos, algunos Españoles masones y los infaltables ingleses, todos ellos peleando nuestra “independencia”, simplemente por que la GRAN MAYORIA de peruanos, prefería el Imperio a la República democrático-liberal-masónica.
Pese a esa derrota, algunas fuerzas continuaron resistiendo por varios años la agresión extranjera. Podemos citar los casos del General Olañeta, quien resistió varios años en el Alto Perú, o el General José Ramón Rodil, quien resistió hasta Enero de 1826 en el Puerto de El Callao, absolutamente cercado y falto de alimentos y munición. Caso aparte, (por ser desconocido en la Historia Oficial) es el del Cacique indígena Antonio Huachaca, quien resistió a los “emancipadores” en las tierras de Huanta, en las montañas de los Andes peruanos hasta 1839. Este indio peruano llegó a decir a los “patriotas” en 1827: “Ustedes son más bien los usurpadores de la religión, de la Corona y del suelo patrio ... ¿Qué se ha obtenido de vosotros durante tres años de vuestro poder? La tiranía, el desconsuelo y la ruina de un reino que fue tan generoso. ¿Qué habitante, sea rico o pobre, no se queja hoy?¿En quién recae la responsabilidad de los crímenes? Nosotros no cargamos semejante tiranía”.
Algunos “revolucionarios” utilizados por la masonería inglesa, se dieron cuenta al poco tiempo de su error y trataron de enmendarlo, tal es el caso del “libertador” argentino José de San Martín, quien a poco de proclamar la independencia del Perú, quiso propiciar en una monarquía peruana ¡¡¡nada menos que buscando un príncipe Habsburgo!!!, pero era tarde, la masonería y sus agentes republicanos ganaban demasiado terreno y nada pudo ya hacer. Sin embargo, años después, San Martín tuvo mucho de que arrepentirse, los demócratas de su propia tierra, lo repudiaron una vez que ya no les fue de utilidad, muriendo en Europa en la total pobreza y abandono.
Otros en cambio, como el caso del pedante afro-bananero-caribeño-americano Simón Bolívar, no dieron su brazo a torcer y siguió proclamando las virtudes de la República democrática, pero manteniendo una verdadera autocracia en su país, aunque parece ser que al final de sus días –se demoró mas en pensar- también comprendió que la Masonería lo había utilizado.
Debemos ser firmes y claros, a partir del advenimiento de la República se produjo una anarquía política en Sudamérica cuyas consecuencias vivimos hasta nuestros días.
Sin embargo, debemos precisar que no queremos una vuelta al pasado glorioso, debemos mirar siempre adelante, buscando soluciones para problemas actuales, pero la historia (la verdadera), siempre constituye una valiosa herramienta para encontrar la mejor forma de enfrentar a los agentes que quieren destruir al pais y proclamar nuestros valores mas sagrados.








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